My Lullaby

Un cuento del zorro para dormir

Un cuento suave para esa criatura curiosa cuya cabecita no para de dar vueltas: un zorrito aprende que las maravillas de la noche esperarán tranquilas hasta la mañana.

Cada noche, My Lullaby escribe un cuento nuevo en vuestro idioma, con tu peque como protagonista.

Félix, el zorrito, y los secretos de la noche

En una madriguera, entre las raíces de un viejo roble, al borde de un bosque bañado por la luna, vivía un zorrito que se llamaba Félix. Su pelaje tenía el color de las hojas de otoño, y su cabecita andaba siempre, siempre ocupada.

A Félix le encantaba la noche. Mientras el resto del bosque se iba quedando dormido, sus orejitas se alzaban con cada sonido. ¿Qué era ese susurro entre los helechos? ¿Adónde había volado aquel búho? ¿Qué habría más allá de la colina lejana, donde nunca había estado? Sus pensamientos saltaban de una maravilla a otra, y sus patitas se movían inquietas, con ganas de perseguirlas todas.

«No puedo dormir», le dijo a su mamá, dando vueltas y más vueltas. «Hay tantísimo por saber. La noche está llena de secretos, y quiero encontrarlos todos ahora mismo.»

Mamá Zorra enroscó su cola calentita a su alrededor y lo acercó a la entrada de la madriguera, desde donde se veía el bosque entero, silencioso y en calma.

«Es verdad que la noche guarda secretos», reconoció con dulzura. «Pero mira… ¿ves con qué cariño los cuida?»

Félix miró. El bosque estaba callado y plateado. Los helechos se mecían despacito. La colina lejana descansaba serena bajo las estrellas, guardando lo que guardaba, sin ninguna prisa.

«El susurro de los helechos seguirá ahí mañana», dijo Mamá Zorra. «Y también la colina, y el arroyo, y todos los caminos que aún no has pisado. La noche no se va a ninguna parte. Guarda todas sus maravillas a buen recaudo, solo para ti, hasta la mañana.»

«¿Quieres decir que no tengo que encontrarlas esta noche?», preguntó Félix.

«Esta noche no», respondió ella. «Esta noche descansas. Y tu cabecita lista y despierta también descansa… para que por la mañana esté fresca y con ganas de volver a asombrarse.»

Félix soltó un suspiro largo. Sus pensamientos inquietos empezaron a posarse, como hojas que bajan flotando hasta el suelo del bosque, una a una, hasta quedar quietecitas.

Escondió el hociquito bajo su cola color otoño. Los secretos de la noche esperaban, pacientes y seguros, todo alrededor.

«Buenas noches, secretos», susurró. «Os encontraré mañana.»

Y el zorrito, con su cabecita lista por fin en calma, se fue quedando dormidito, suave, suave.

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