My Lullaby

Un cuento del pirata para dormir para niños

Un cuento para dormir que calma a un peque muy aventurero: una pequeña pirata descubre que el mejor tesoro de todos es un mar tranquilo y una buena noche de sueño.

My Lullaby escribe un cuento nuevo cada noche, en vuestro idioma, con tu peque como protagonista.

La capitana Nuez y el mar dormido

En un barquito muy bonito, con una vela blanca y remendada, navegaba la pirata más pequeña y más risueña de los siete mares: una jovencita capitana llamada Nuez, con un sombrerote de plumas que no paraba de resbalarle sobre un ojo.

¡Qué aventuras había tenido Nuez ese día! Había llevado el timón del barco entre las olas que salpicaban. Había trepado al mástil más alto para vigilar si aparecía tierra. Había seguido un mapa viejo hasta una isla de arena y había desenterrado un cofre de tesoro reluciente. «¡Ah del barco!», había gritado todo el día, navegando bajo el cielo azul y brillante.

Pero ahora el sol se estaba poniendo, bajito y dorado, sobre el ancho mar en calma. Las olas se habían vuelto suaves y lentas. El viento se había ablandado hasta ser una brisa tibia y soñolienta. Y la capitana Nuez soltó un bostezo enorme.

«Hora de echar el ancla, tripulación», dijo. Y bajó el ancla, ¡plaf!, al agua tranquila. Y bajó la vela, plegándose con suavidad. Y el barquito se mecía, muy despacito, sobre el mar en calma y con sueño. Arriba… y abajo. Arriba… y abajo. Lento y suave, como una cuna.

Nuez se metió en su literita bajo la cubierta, donde una ventanita redonda enseñaba la luna que subía. Se quitó su sombrerote de plumas y lo dejó con cuidado a su lado. Y se puso a pensar en el tesoro más importante de todos.

«El oro y las joyas están bien», bostezó, acurrucándose bajo su manta calentita. «Pero cualquier buen pirata sabe que el mejor tesoro de todos es una litera calentita, un mar tranquilo y una buena noche de sueño.»

El barco la mecía despacito, arriba y abajo, arriba y abajo. Las olas lamían suavemente el casco. La luna entraba por la ventanita redonda, plateada y amable, y allá arriba, en el cielo, salían las estrellas como monedas de plata desparramadas.

Y la pirata más pequeña y más risueña de los siete mares, mecida por el mar dormido y tranquilo, cerró los ojos, abrazó su sombrero de plumas y zarpó, feliz y calentita, hacia una noche llena de sueños maravillosos.

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