My Lullaby

Un cuento del muñeco de nieve para dormir para niños

Un cuento suave y de invierno para dormir sobre un muñeco de nieve muy alegre y el silencio profundo y en paz de una noche nevada. Perfecto para calmarse.

My Lullaby escribe un cuento nuevo cada noche, en vuestro idioma, con tu peque como protagonista.

El muñeco de nieve Copito y la noche nevada

En medio de un jardincito de entrada, en una noche de invierno blanca y suave, había un alegre muñeco de nieve llamado Copito, con la nariz de zanahoria, tres botones negros y una bufanda roja bien enrollada al cuello.

Todo el día, el jardín había estado lleno de ruido y de risas. Los niños habían rodado la bola grande de abajo de Copito, y la del medio, y la de la cabeza. Habían reído, jugado y lanzado bolas de nieve blanditas, habían apretado bien la nieve y le habían puesto a Copito su carita sonriente y su cálida bufanda roja. Había sido un día precioso, movido y lleno de alegría.

Pero ahora los niños se habían metido dentro, en sus casas calentitas y luminosas, y estaba pasando algo que a Copito le gustaba más que nada. La nieve había empezado a caer otra vez, suave, despacio y en silencio, y el mundo entero se iba quedando calladito.

Bajaban los copos, uno a uno, girando despacito en el resplandor de la farola, posándose sin hacer el menor ruido. Bajaban, suaves como plumas, cubriendo los tejados, los árboles y los jardines con una manta blanca y lisa. Y con cada copo que caía, el mundo se iba quedando más y más callado, cada vez más.

No hay silencio en todo el mundo como el silencio de una noche nevada. Es un silencio suave, un silencio dulce, un silencio callado y en paz, como si el mundo entero estuviera bien arropadito en la cama, bajo una fresca manta blanca.

Copito estaba en medio de todo, tranquilo y contento, cuidando la calle dormida. En las ventanas, las luces cálidas se apagaban, una a una, mientras todos los niños se metían en sus camas acogedoras. La nieve seguía cayendo, suave y despacio. La farola brillaba. Y todo, en todas partes, estaba quieto.

«Buenas noches, casitas», susurró Copito a la nieve que caía despacito. «Buenas noches, niños dormidos. Yo me quedaré aquí, tranquilo y calladito, cuidándoos toda la noche.»

Y mientras la nieve suave bajaba y el silencio en paz se posaba hondo sobre el mundo blanco entero, el muñequito de nieve hizo su guardia dulce y feliz, mientras cada niño de la calle tranquila se dormía calentito y a salvo.

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