My Lullaby

Un cuento del elefante para dormir

Un cuento del elefante para dormir que reconforta al peque con la cabecita muy ocupada y preocupada: un elefante pequeño aprende a dejar las preocupaciones del mañana junto al río hasta que amanezca.

My Lullaby escribe cada noche un cuento nuevo y calmadito, con vuestro propio peque de protagonista.

Nino, el elefantito, y el río de las preocupaciones

Junto a un río ancho y tranquilo, bajo un cielo lleno de estrellas calentitas, un elefantito llamado Nino estaba completamente despierto. A su alrededor, toda la manada se iba echando a dormir… pero la cabecita de Nino no se quedaba callada.

«¿Y si mañana soy demasiado lento en la charca?», se angustiaba, balanceándose de una pata a otra. «¿Y si no llego a las hojas de arriba? ¿Y si llueve? ¿Y si, y si, y si?» Cada preocupación pesaba mucho, como un tronco grande y mojado que llevara a la espalda, y eran tantas que casi no se podía tener en pie.

Mamá Elefanta llegó despacito entre la hierba alta y se quedó cerquita, calentita, enorme y tranquila. «Esta noche cargas con mucho, chiquitín», le dijo. «Lo veo. Ven conmigo al río».

Caminaron juntos hasta la orilla del agua, donde el río se deslizaba, lento y plateado bajo la luz de la luna.

«Ahora», dijo Mamá Elefanta, «cuéntame una preocupación. Solo una».

«¿Y si mañana soy demasiado lento?», susurró Nino.

«Muy bien. Ahora levántala con la trompa… y déjala aquí, en la orilla, donde pueda esperar». Y Nino enrolló su trompita, levantó la preocupación pesada y la dejó con cuidado sobre la orilla blanda, junto al agua. Y al soltarla, notó que pesaba menos.

Una a una, fueron dejando las preocupaciones. Las hojas de arriba… a la orilla. La lluvia… a la orilla. Cada «y si» tan pesado, levantado y dejado junto al río tranquilo para que esperara a la mañana.

«Tus preocupaciones no se van a ninguna parte», dijo Mamá Elefanta con dulzura. «Se quedarán esperando aquí mismo. Y por la mañana, con la luz del día, casi todas se verán mucho más pequeñas… tan pequeñas que las podrás pasar por encima de un paso. Pero la noche no es para cargar con ellas. La noche es para descansar».

Nino sintió la espalda ligera. Sus ojos, pesados, se pusieron suaves. Se apoyó en el costado gris y calentito de su mamá y sintió el tambor lento y hondo de su corazón.

«Buenas noches, Nino», canturreó Mamá Elefanta, grave y calentita. «Déjalo todo aquí. Yo te tengo».

Y el elefantito, con sus preocupaciones descansando a salvo junto al río hasta la mañana, soltó el aire despacio, lo soltó más despacio todavía, y se fue quedando dormido con dulzura bajo el cielo cálido y estrellado.

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