La mariposa Lila que creció descansando
En un jardín lleno de sol y de flores revoloteaba una mariposita llamada Lila, con las alas como una vidriera pintada: naranja y oro, con el borde de un azul suavecito.
Lila voló todo el día. Iba de las rosas a la lavanda, y de la lavanda a las malvarrosas rosadas y altas. Bailaba con la brisa tibia y flotaba en la luz dorada, bebiendo néctar dulce y saludando a las abejas trabajadoras. Fue un día precioso, y Lila revoloteó por cada uno de sus momentos.
Pero cuando el sol fue bajando y el jardín se llenó de sombras largas y suaves, las alas de Lila empezaron a sentirse cansadas. Su revoloteo se hizo más lento. Sabía que había llegado la hora de buscar un lugar tranquilo para descansar.
Bajó planeando hasta una hoja ancha y verde, escondidita bajo una rosa, a salvo de la brisa de la tarde. Y allí se posó y plegó sus alas preciosas con mucho cuidado, cerrándolas juntas como las páginas de un librito.
Al quedarse quietecita, Lila recordó una cosa. Recordó que, hacía no mucho, ella no había sido una mariposa. Había sido una orugita. Y se había envuelto, calentita y en silencio, en un capullo acogedor, y había descansado. Había descansado y descansado, y mientras descansaba, algo mágico había ocurrido. Despacito, en silencio, en la quietud, le habían crecido sus alas preciosas.
«Ese es el secreto», pensó Lila con sueño, bien a salvo bajo su hoja. «Descansar no es no hacer nada. Cuando descanso, crezco. Cuando estoy quietecita y en silencio, pasan cosas maravillosas, muy adentro, donde ni siquiera puedo verlas.»
El jardín se puso oscuro y calladito a su alrededor. Las flores cerraron sus pétalos. Las primeras estrellas se despertaron parpadeando por encima de las hojas. Y Lila, a salvo en su hoja acogedora, con las alas pintadas plegaditas y cerradas, se sintió cada vez más tranquila, más calentita y con un sueño maravilloso.
Y la mariposita, descansando en silencio en el jardín dormido —creciendo, de todas esas maneras calladas y secretas en que el descanso nos hace crecer—, se durmió despacito y a gustito.