Osito Teo, el peluche que cuidaba la noche
Cada noche, cuando la lamparita se apagaba y la habitación se quedaba suave y oscura, algo especial ocurría en la camita junto a la ventana. Un pequeño osito de peluche marrón, que se llamaba Teo, abría sus ojitos de botón… y empezaba su trabajo más importante.
Durante todo el día, a Teo lo llevaban de aquí para allá, lo abrazaban y lo arrastraban de una habitación a otra. Salía de aventura por el jardín, se sentaba a la mesa para tomar un té de mentira y, a la hora del cuento, lo apretaban tan fuerte que se le quedaba el relleno todo achuchado. Pero de noche, cuando la respiración de su peque se volvía lenta y profunda, Teo tenía otra tarea. De noche, Teo era el Guardián de la Oscuridad.
Se sentaba muy derechito contra la almohada, justo al lado del peque dormido, y montaba guardia.
Cuando la madera del suelo crujía, Teo escuchaba, y sabía que solo era la casa acomodándose para dormir… y no tenía miedo. Cuando una sombra se estiraba por la pared, Teo miraba, y sabía que solo era el árbol viejo y amigo de fuera, saludando buenas noches con sus ramas… y no tenía miedo. Cuando el viento susurraba en el cristal, Teo lo oía, y sabía que solo era la noche diciendo chsss, chsss… y no tenía miedo.
«Yo te cuido», le susurraba Teo a su peque dormido, con esa voz suavecita que solo tienen los ositos. «No hay nada de qué preocuparse. Estoy aquí, a tu lado, y aquí me quedaré toda la noche. Puedes dormir todo lo profundo que quieras.»
Y el peque, aunque estaba dormidísimo, parecía oírlo… y se acurrucaba un poquito más cerca, y lo abrazaba un poquito más fuerte, y sonreía con la sonrisilla más dormida del mundo.
A Teo no le importaba quedarse despierto. Le gustaba. No había nada en el mundo entero que le gustara más que mantener a su peque a salvo y calentito mientras las estrellas giraban despacito allá arriba.
Así que, si alguna vez te despiertas por la noche, y todo está oscuro y en silencio, estira la mano y busca a tu osito. Porque los ositos no duermen de verdad a la hora de dormir. Están demasiado ocupados velando por ti, haciendo que la oscuridad sea amable, cuidándote… hasta que la luz de la mañana vuelve otra vez a casa.
Que duermas bien. Tu osito te cuida.